Ejemplos de Artículos de Opinión

Artículo de opinión

Un artículo de opinión es un escrito de índole periodística en el cual se explora una temática de interés para la opinión pública, a partir de las consideraciones personalísimas de quien lo escribe.

En tanto texto personal, va firmado siempre por su autor (a diferencia de los editoriales) y contiene normalmente los argumentos y valoraciones con que sostiene su opinión sobre el asunto a tratar. En algunos periódicos o portales digitales lo acompaña incluso un retrato.

Este tipo de artículos persigue, por lo general, despertar en sus lectores un sentimiento crítico en torno a la materia, haciendo hincapié en unas u otras consideraciones y acotando el debate conforme a la conveniencia de sus puntos de vista. Para ello suele valerse de un lenguaje más o menos ameno, de narraciones, comparaciones e incluso cierto grado de escritura poética.

Por otro lado, suelen reforzar la línea editorial del medio en que se difunden, y están entre las más leídas y difundidas de las secciones de una publicación periodística, dado que a menudo se encuentran en manos de personalidades del mundo político, cultural o mediático, lo cual le imprime a las opiniones transmitidas una fuerte legitimación pública.

Estructura del artículo de opinión

La estructura tradicional de un artículo de opinión comprende:

  • Una exposición de motivos o razones, con los que ilustra su abordaje del tema y modula la aproximación del lector a su punto de vista,
  • Un cierre en donde ofrece al lector las conclusiones que considera pertinente obtener de la exposición anterior y que convierten a este tipo de artículos en un texto argumentativo.

Ejemplos de artículos de opinión

  1. “Los flecos de la Guerra Civil siguen contando” por José Andrés Rojo. Publicado en el diario El País de España, en fecha 21 de noviembre de 2016.

El afán de saber lo que pasó reúne a gentes de muy distintas ideologías

No va a cambiar el mundo si a estas alturas nos enteramos de que hubo unos cuantos espabilados del bando franquista que cruzaron el río Manzanares unos días antes de la fecha que los historiadores han dado hasta ahora por buena, y que llegaron incluso hasta Argüelles, donde hubo escaramuzas con las fuerzas republicanas. Lo que se ha venido explicando, lo que está más o menos fijado por los estudiosos de la Guerra Civil, es que las tropas de los militares rebeldes solo consiguieron cruzar el río tras haber conquistado la Casa de Campo, y que recién lo hicieron el 15 de noviembre de 1936, unos meses después del infame golpe de julio. No les sirvió de mucho. Madrid consiguió resistir, y la guerra se prolongó.

Pero resulta que hay unos cuantos papeles que dan cuenta de que hubo un asalto anterior, tal como contaba este diario ayer en sus páginas de Cultura. Un asalto que no llegó muy lejos y que no logró fijar una posición sólida, como ocurrió después cuando las fuerzas franquistas llegaron a la Ciudad Universitaria y se enquistaron ahí hasta el final de la guerra. ¿Es esto relevante y llegará a cambiar el relato sobre la batalla de Madrid? Seguramente no, salvo que aparezcan otras evidencias de mayor peso, pero lo que de verdad importa es el hecho de volver sobre los documentos, de seguir tirando de manera incansable de los flecos, de continuar explorando. El pasado es siempre un vasto territorio desconocido, y muchos tratan de él como el que toca una compleja partitura de oído.

Lo que seguramente muestran estos papeles es que, así en la paz como en la guerra, muchas veces se esconde la verdad: porque no conviene, porque complica las cosas, porque da una imagen distinta de la que queremos proyectar. A los republicanos no les venía bien que se supiera que los franquistas habían llegado tan lejos tan pronto, muy poco después de iniciar esa ofensiva sobre la capital que pretendían fuera la definitiva. Y a los franquistas les fastidiaba que (esos zaparrastrosos) los hubieran obligado a retirarse. Fue una llamarada, habituales en una guerra; como se apagó, ya nadie puso mayor interés.

Salvo esos cuantos que siguen escarbando, y que siguen preguntando, y que persiguen incansables todas las pistas para que el relato de lo que ocurrió se ajuste cada vez mejor a lo que de verdad sucedió en aquellos aciagos (y caóticos) días. Muchos de esos infatigables curiosos forman parte del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefrema).

No está de más subrayar que lo que importa en ese grupo es el afán de conocer lo que pasó, e investigar y profundizar en todo aquello que queda por descubrir y explicar. Algunos proceden de familias que estuvieron en la guerra con los rebeldes y otros son descendientes de los defensores de la República o de los que andaban como locos para hacer la revolución. El saber los hermana más allá de sus respectivas ideologías y, bueno, es una manera inteligente de volver al pasado. No para ajustar cuentas pendientes: para conocerlo mejor.

 

  1. “El peso de las incertidumbres” de Gustavo Roosen. Publicado en el diario El Nacional de Venezuela, en fecha 20 de noviembre de 2016.

Colombia y el plebiscito sobre el acuerdo de paz, Inglaterra y la decisión de dejar la Unión Europea, Estados Unidos y la elección presidencial son apenas tres casos en los que la sorpresa ha superado la presunción, pero son además, y muy especialmente, tres demostraciones de la distancia creciente entre la lógica política y la gente, entre el dibujo de las encuestas y el cuadro de las percepciones y aspiraciones reales y profundas de la sociedad. El resultado de esta brecha, alimentada por el olvido o el desconocimiento de la gente, no es otro que el surgimiento de la desconfianza, el abandono de las responsabilidades de ciudadano en la acción política y el florecimiento de muy variadas formas de anarquía y demagogia.

Pocas cosas hay posiblemente más peligrosas para la libertad y la democracia que la pérdida de confianza en los políticos, la sensación de la gente de no ser comprendida o de ser incluso engañada por quienes aspiran a representarla o dirigirla. En Venezuela, en concreto, unos sienten que las propuestas no responden a sus aspiraciones de país; otros, que la atención se ha concentrado en el juego político con desmedro de los verdaderos intereses de la población. En cualquier caso, crecen más las dudas que las certidumbres.

A raíz de los primeros acuerdos entre el gobierno y los representantes de la oposición organizada en la Mesa de la Unidad estos sentimientos han cobrado fuerza inesperada. Pese al intento de explicar la estrategia y las intenciones se percibe que la representación política de la oposición no expresa con la fuerza que debería la gravedad de la situación y la urgencia de las soluciones; que no alcanza las objetivos políticos que propone y se propone; que declara plazos y metas que no puede sostener; que desperdicia su capital político y de apoyo popular; que no está haciendo lo que debería para mantener el entusiasmo; que hay un discurso hacia el interior de las mesas del diálogo y otro para la calle; que las explicaciones sobre el tono y la estrategia no suenan suficientemente convincentes. La gente entiende que se negocie, pero quiere ver que se avance. La gente espera que se resuelvan los puntos que están sobre la mesa, no porque crea que sean únicos, pero sí porque los percibe como inmediatos, como de emergencia.

El resultado de esta pérdida de confianza comienza a acelerar un proceso en el cual no se puede correr más la arruga de la esperanza. Quien puso límites para su plan B, siente ahora que no puede seguir postergándolo. De allí el aumento de la emigración. De allí, por ejemplo, el número creciente de médicos venezolanos rindiendo prueba en Chile para trabajar en la red pública de ese país. El año pasado fueron 338, este año son ya 847. Y como estos médicos, miles de otros profesionales y de emprendedores que cancelan su sueño de oportunidades en el país para buscarlas fuera. El desconcierto no permite a muchos correr más la arruga. Llega un momento en el que las razones reales, las de la economía y las personales, no dan para más. Prolongar la situación agota la esperanza de la gente. Y frente a eso, no basta con recordarla consigna de que el que se cansa pierde.

El ejercicio de la política tiene hoy más que nunca el imperativo de agudizar la percepción sobre la gente, sus motivaciones, sus aspiraciones, sobre lo más inmediato y visible pero especialmente sobre lo profundo, lo que se dice y lo que se calla, lo que se declara en público y lo que se sostiene en privado, lo que se descubre frente a los demás y lo que se guarda en el fuero interno. Interpretar correctamente a la gente, comprender sus aspiraciones, sus motivaciones, sus temores, sus expectativas es, por  lo  mismo, el único camino para llegar a la sociedad y para hacerse comprender por ella. Lo ha dicho Luis Ugalde: “A los demócratas les falta informar y escuchar a la gente para que en la cabeza y el corazón de las negociaciones estén los dolores y esperanzas de la población”. Si lo que se pretende es alimentar la confianza y la esperanza, esa buena comunicación es, sin duda, condición obligante.

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Enciclopedia de Ejemplos. (2016). Ejemplos de Artículos de Opinión. Recuperado de: http://www.ejemplos.co/ejemplos-de-articulos-de-opinion/
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