10 Ejemplos de
Parodia

La parodia es un tipo de sátira o una imitación burlesca de una obra artística, o de cualquier forma de discurso, que usa la ironía y la exageración con fines mayoritariamente humorísticos, de crítica y desvalorización. Existe en absolutamente todos los géneros artísticos y discursivos. Sin embargo, muchas veces las parodias son serias y señalan otra obra como guiño o signo de protesta. 

En retórica, es un recurso literario que imita de forma caricaturesca una temática o el estilo de la obra de un determinado autor. La ironía, la exageración, lo grotesco, la caricatura y el humor son algunos de los elementos que frecuentemente se presentan en la parodia. El vocablo “parodia” proviene del griego paroideia, que se desglosa en pará (‘en contra de’ o ‘al lado de’) y oda (‘canto’). 

Es una práctica cuyo origen data de la época de la Antigua Grecia, en los que existió cierto tipo de cantos que se burlaban de los contenidos o las formas de los poemas épicos o trágicos de los grandes autores. Esta tradición luego se extendió a Roma y posteriormente a la tradición artística occidental, constituyendo a la parodia en uno de los géneros más transgresores.

Clasificación de la parodia

Según el objeto del que se mofan, la parodia se puede clasificar en los siguientes tres tipos: 

  • Parodia de obras artísticas. Es aquella que copia con humor e ironía otros géneros artísticos, exagerando sus formas y caricaturizando su contenido. Por ejemplo: la parodia literaria.
  • Parodia de personajes históricos. Es aquella que, por lo general a modo de crítica, imita a cierto personaje exagerando sus rasgos físicos, su comportamiento y su ideología, para lograr un efecto cómico y transgresor. Usualmente se utiliza la caricatura y la exageración. Por ejemplo: Charles Chaplin hace una imitación de Adolf Hitler en el film El gran dictador.
  • Parodia de ideas. Es aquella que toma un tema determinado y lo expone de un modo irónico y satírico, para enfatizar sus debilidades o sus posibles consecuencias. Por ejemplo: Estanislao del Campo hace una parodia de la literatura gauchesca del Río de la Plata en El Fausto criollo.

Según el método en que es ejercida la parodia, se puede distinguir los siguientes tipos:

  • Burlesca. Expone un asunto o tema vulgar en un estilo refinado. Es decir, hay un movimiento de abajo hacia arriba.
  • Travestimiento. Expone un asunto o tema refinado en un estilo vulgar. A la inversa, hay un movimiento de arriba hacia abajo.

Ejemplos de parodia

  1. Parodia de Rima XVII de Gustavo Adolfo Bécquer. Esta poesía parodia el estilo de la lírica romántica española.

¿Qué es poesía? Dices
mientras clavas en mi pupila
tu pupila marrón.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía soy yo.

  1. Fragmento de Seis problemas para don Isidro Parodi, de H. Bustos Domecq (seudónimo de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares). 1942. En el relato se parodia el relato policial y detectivesco. 

Hace catorce años, el carnicero Agustín R. Bonorino, que había asistido al corso de Belgrano disfrazado de cocoliche, recibió un mortal botellazo en la sien. Nadie ignoraba que la botella de Bilz que lo derribó, había sido esgrimida por uno de los muchachos de la barra de Pata Santa. Pero como Pata Santa era un precioso elemento electoral, la policía resolvió que el culpable era Isidro Parodi, de quien algunos afirmaban que era ácrata, queriendo decir que era espiritista. En realidad, Isidro Parodi no era ninguna de las dos cosas: era dueño de una barbería en el barrio Sur y había cometido la imprudencia de alquilar una pieza a un escribiente de la comisaría 18, que ya le debía de un año. Esa conjunción de circunstancias adversas selló la suerte de Parodi: las declaraciones de los testigos (que pertenecían a la barra de Pata Santa) fueron unánimes: el juez lo condenó a veintiún años de reclusión. La vida sedentaria había influido en el homicida de 1919: hoy era un hombre cuarentón, sentencioso, obeso, con la cabeza afeitada y ojos singularmente sabios. Esos ojos, ahora, miraban al joven Molinari.

  1. Fragmento del discurso final de El gran dictador, de Charles Chaplin. 1940. La película realiza una parodia sobre la figura de Adolf Hitler y de la retórica del partido nazi alemán.

Lo siento. Pero… yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. 

  1. Fragmento de La venganza de Don Mendo, obra teatral de Pedro Muñoz Seca. 1918. En la obra de teatro abundan los juegos de palabras, los golpes de humor y se parodian hasta al absurdo los elementos del género dramático romántico y modernista.

MENDO.– ¿Y es caballero el que espera
que no sea yo caballero?
MONCADA.– ¿Y es caballero, Marqués,
el que por una perjura
muere vilmente?
MENDO.– Lo es:
mi palabra os lo asegura,
y soy leonés.
MONCADA.– Basta, pues.
Y en premio de esa hidalguía
que en vos es norte y guía;
en premio de ese valor,
tomad esta daga mía. (Le da una daga.)
Os la da un hombre de honor.
Ponedla oculta y salvaos
si ocasión para ello habéis;
y si la afrenta teméis
de una muerte vil, mataos;
porque es tan grande la insidia,
la perfidia y la falsidia
del mundo, que casi envidio
al que apelando al suicidio
toma un arma y se suicidia.
MENDO.– (Abrazándole conmovido.)
¡Marqués de Moncada! ¡Hermano!
¡Permitid que os dé ese nombre!…
MONCADA.– ¿Os afectáis?
MENDO.– No os asombre,
que este dolor sobrehumano
en niño convierto a un hombre.
Gracias mil por el puñal;
gracias mil, porque mi mal
será por él menos cruel,
pues muy pronto, amigo fiel,
habré de hundírmelo en el
quinto espacio intercostal.
Y cuando os hablen de mí,
decid, Marqués, decid vos
que caballero morí,
pues una palabra di
y la cumplí, vive Dios. (Le abraza de nuevo.)

  1. Parodia del poema “Vivo sin vivir en mí…” de Santa Teresa de Jesús. En esta poesía se parodia el estilo místico de los primeros versos del poema.

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que mientras muero o no muero
me estoy haciendo pipí.

  1. Fragmento de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. 1605. En esta obra se parodian las novelas de caballería del Medioevo.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y, de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza…».

  1. Fragmento de “El Fiord” de Osvaldo Lamborghini (1969). En este cuento se parodia “Tótem y tabú” de Sigmund Freud.

¿Y por qué, si a fin de cuentas la criatura resultó tan miserable -en lo que hace al tamaño, entendámonos- ella profería semejantes alaridos, arrancándose los pelos a manotazos y abalanzando ferozmente las nalgas contra el atigrado colchón? Arremetía, descansaba; abría las piernas y la raya vaginal se le dilataba en círculo permitiendo ver la afloración de un huevo bastante puntiagudo, que era la cabeza del chico. Después de cada pujo parecía que la cabeza iba a salir: amenazaba, pero no salía; volvíase en rápido retroceso de fusil, lo cual para la parturienta significaba la renovación centuplicada de todo su dolor. Entonces, El Loco Rodríguez, desnudo, con el látigo que daba pavor arrollado a la cintura -El Loco Rodríguez, padre del engendro remolón, aclaremos-, plantaba sus codos en el vientre de la mujer y hacía fuerza y más fuerza. Sin embargo, Carla Greta Terón no paría. Y era evidente que cada vez que el engendro practicaba su ágil retroceso, laceraba -en fin- la dulce entraña maternal, la dulce tripa que lo contenía, que no lo podía vomitar.

  1. Fragmento de Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. 1725. En esta novela se parodian los relatos de viajes de la literatura contemporánea al escritor. 

Hacía unas cuatro horas que habíamos empezado nuestro viaje, cuando vino a despertarme un accidente ridículo. Habiéndose detenido el carro un rato para reparar no sé qué avería, dos o tres jóvenes naturales tuvieron la curiosidad de recrearse en mi aspecto durante el sueño; se subieron a la máquina y avanzaron muy sigilosamente hasta mi cara. Uno de ellos, oficial de la guardia, me metió la punta de su chuzo por la ventana izquierda de la nariz hasta buena altura, el cual me cosquilleó como una paja y me hizo estornudar violentamente. En seguida se escabulleron sin ser descubiertos, y hasta tres semanas después no conocí yo la causa de haberme despertado tan de repente.

Hicimos una larga marcha en lo que quedaba del día y descansé por la noche, con quinientos guardias a cada lado, la mitad con antorchas y la otra mitad con arcos y flechas, dispuestos a asaetearme si se me ocurría moverme. A la mañana, siguiente, al salir el sol, seguimos nuestra marcha, y hacia el mediodía estábamos a doscientas yardas de las puertas de la ciudad. El emperador y toda su corte nos salieron al encuentro; pero los altos funcionarios no quisieron de ninguna manera consentir que Su Majestad pusiera en peligro su persona subiéndose sobre mi cuerpo.

  1. Fragmento de “Fábula de Píramo y Tisbe”, de Luis de Góngora. 1618. En este romance se parodia un episodio de las Metamorfosis de Ovidio. 

La ciudad de Babilonia,
famosa, no por sus muros
(fuesen de tierra cocidos
o sean de tierra crudos),
sino por los dos amantes
desdichados, hijos suyos,
que muertos, y en un estoque,
han peregrinado el mundo,
citarista dulce, hija
del Archipoeta rubio,
si al brazo de mi instrumento
le solicitas el pulso,
digno sujeto será
de las orejas del vulgo:
popular aplauso quiero,
perdónenme sus tribunos.
Píramo, fueron, y Tisbe,
los que en verso hizo culto
el licenciado Nasón,
bien romo o bien narigudo,
dejar el dulce candor
lastimosamente obscuro
al (que túmulo de seda
fue, de los dos casquilucios)
moral que los hospedó,
y fue condenado al punto,
si del Tigris no en raíces,
de los amantes, en fructos.

  1. Fragmento de “Fábula de Pan y Siringa”, de Jacinto Polo de Medina. En este romance se parodia en verso el mito griego de los amantes Hero y Leandro.

Dice Ovidio en sus consejas,
que allá en el tiempo de marra,
cuando había doncellas puras
por no haber tantas enaguas;
cuando no se hallaba un don
por un ojo de la cara,
y andaban de madre Eva
las pícaras y las damas;
cuando era en dos Crispín
cerote lo que hoy es ámbar,
antes que perdido hubiese
aquella fregenal gracia;
cuando los que se me venden
por muy grande cosa estaban
en las malvas que nacieron
y aun peores que en las malvas
cuando era nada el que dice
que ha levantado su casa,
y era el pícaro albañil,
y con equívocos habla;
entonces, que estaba, dice,
en el prado una mañana
(que las mañanas también
en aquel tiempo se usaban).
Siringa, una ninfa bella,
del Amor arma vedada,
un jifero de jazmín,
belleza de cachas blancas,
con quien se la pega de ojos
a quien es más zaino de alma,
y a quien el «Dios te perdone»
va siguiendo las miradas;
la cándida mors de todos,
la doblen ya las campanas,
la mátote de azucena
y la muérete de nácar;
la Atila de corazones,
del alma la Diocleciana,
la Escanderbeya de vidas
y la Nerona de entrañas. 

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Referencias

¿Cómo citar?

"Parodia". Autor: Vanesa Rabotnikof. De: Argentina. Para: Concepto.de. Disponible en: https://www.ejemplos.co/parodia/. Última edición: 30 de junio de 2022. Consultado: 19 de agosto de 2022

Sobre el autor

Autor: Vanesa Rabotnikof

Licenciatura en Letras (Universidad de Buenos Aires). Especialización en Edición (Universidad Nacional de La Plata).

Última edición: 30 junio, 2022

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