10 Ejemplos de
Idilio

El idilio es una composición poética de corta extensión que trata sobre el amor, la amistad o los duelos musicales y que tiene como escenario un ambiente natural idealizado. Por ejemplo: “Idilio I”, de Teócrito (310-260 a. C.).

El idilio pertenece al género lírico, porque expresa sentimientos, pensamientos, reflexiones o estados de ánimo. Generalmente, en este tipo de poema se suelen relatar historias, que pueden estar contadas por un narrador o pueden desarrollarse mediante diálogos o monólogos.

Los primeros idilios fueron desarrollados en la antigua Grecia por Teócrito, Bión de Esmirna y Mosco de Siracusa. Estas composiciones fueron retomadas por distintos poetas españoles, como Ignacio de Luzán y Lope de Vega, en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Características del idilio

Algunas características fundamentales de idilio son:

  • Personajes. Los personajes suelen ser pastores o campesinos, pero también pueden ser poetas o seres mitológicos.
  • Tema bucólico. En general, el tema central es el amor, pero también se pueden describir otros conceptos, como el lamento, las actividades de la vida pastoril, la belleza del espacio o algunos tópicos de la mitología grecorromana.
  • Espacio. El lugar se describe utilizando el locus amoenus, un tópico literario que consiste en caracterizar el campo u otros espacios naturales como agradables e idílicos. 
  • Estructura. El idilio, generalmente, está compuesto por versos de arte menor (aquellos que tienen entre dos y ocho sílabas), pero, en algunos casos, contiene versos de arte mayor (aquellos que tienen más de ocho sílabas). Además, puede tener una o varias estrofas, ya que no hay reglas métricas específicas para este tipo de poema.
  • Figuras retóricas. En los idilios se utilizan distintas figuras retóricas, como la topografía, la hipérbole, la metáfora o el retrato, con el objetivo de generar un efecto estético.

Ejemplos de idilio

  1. Fragmento de “Idilio VIII. Los cantores bucólicos”, de Teócrito (310-260 a. C.)

Apacentaba Dafnis el hermoso
Sus bueyes, como es fama, cierto día,
Y Menalcas, que el monte cavernoso
Cuidando sus ovejas recorría,
A su encuentro salió. La cabellera
Rubia de entrambos era,
Y ni a uno ni otro mozo
Aún apuntaba el bozo;
En pulsar el sonoro caramillo
Entrambos eran diestros,
Y ambos a dos en el cantar maestros.
Apenas vio Menalcas al sencillo
Dafnis, así le dijo dulcemente:

Menalcas.
¡Dafnis, custodio de la grey mugiente!
¿Quieres cantar conmigo?
Juro que siempre que en luchar insista
La certidumbre de vencerte abrigo.

Y así replicó Dafnis á su amigo:

Dafnis.
¡De lanígera grey pastor y encanto,
Menalcas, gran flautista!
Jamás me vencerás aunque de tanto
Soplar, reviente tu garganta el canto. (…)

  1. Fragmento de “Idilio X. Los segadores”, de Teócrito (310-260 a. C.)

(…) Milon.
Herirte no he querido.
Siega la mies, y en honra de tu amiga
Cántanos: que eras músico no olvido,
Y así será más leve la fatiga. (…)

Bato.
Es la violeta oscura
Y al jacinto matiza negra sombra;
Mas luce su hermosura
En la florida alfombra
Y en las guirnaldas su primor asombra.

Del cítiso la cabra,
Y de la cabra el lobo en pos camina.
De quien la tierra labra
Al arado se inclina
La grulla: a mí tu rostro me fascina.

¡Ojalá que el tesoro
De Creso opulentísimo tuviera!
Esculpidas en oro
Nuestras efigies viera
En su templo la Diosa de Citera.

Con una poma o rosa
Te ostentarías del altar delante
Y una flauta preciosa;
Yo en traje de danzante
Y con calzado nuevo relumbrante.

¡Bómbice encantadora!
Cual dados son tus pies color de nieve
Tu voz fascinadora.
Mas ¡ay! mi lengua leve
A enumerar tus gracias no se atreve. (…)

  1. Fragmento de “Idilio II”, de Bión de Esmirna (vivió a fines del siglo II a. C.)

Por un verde bosque
De denso espesor
Dó nunca penetran
Los rayos del sol,
Con redes y cañas,
Y de aves en pos
Vagaba un imberbe
Tierno cazador.
Sentado en las ramas
De un frondoso box.
Miró de repente
Al alado Amor:
Contento el muchacho
Sus cañas juntó
Y dijo en su gozo
Con pueril candor:
«¡Oh qué ave tan grande!
¡Qué presa a hacer voy!
No habrá cazadores
En breve cual yo.
Que soy el más diestro 
Dirán a una voz
Al ver que en mis redes
Tal ave cayó. (…)

  1. Fragmento de “Idilio V”, de Mosco de Siracusa (vivió en el siglo II a. C.)

(…) Al pescador infelice
Triste vida en suerte cabe:
Por casa tiene la nave
Y las ondas por hogar.
De sus trabajos en pago
El mar le niega mercedes,
Y apenas pueden sus redes
Incierta caza buscar.

A mí el plátano frondoso
Con su sombra me fascina,
Y de la fuente vecina
Me halaga el dulce gemir.
Blando es entonces mi sueño,
Porque al labrador no asusta,
Sino que adormece y gusta
Su grato estrépito oír.

  1. Fragmento de “Idilio III. Dafne y Dametas”, de Esteban Manuel de Villegas (1589-1669)

I   

Viniéronse a juntar Dafne y Dametas,
pastor de cabras uno, otro vaquero,
mientras las unas pacen inquietas
y las otras el sol huyen severo,
cuales por las roturas más secretas
y cuales, al soplar cierzo ligero,
por las amenas sombras distraídas,
con paz gozadas, con piedad movidas.

II

Era robusto, sí, Dafne, y mancebo,
al ejercicio duro entonces dado.
Dametas mozo, pero no tan nuevo
en el oficio de guardar ganado.
Rigen cayados de taray y acebo,
y cada cual sombrero coronado
de acebuche y laurel, y al cabo dellos,
zurrones pardos sobre blancos cuellos.

III

La floja ociosidad, y el grave estío,
de la pesada siesta entonces grave,
el susurrar del Céfiro y el río,
fresca la sombra, querellosa el ave,
la vacada extendida y el cabrío
aún no cansado del pacer suave,
en Dafne ocasionaron voz dispuesta,
y en Dametas después voz y respuesta. (…)

  1. Fragmento de “Idilio de Don Cándido María Trigueros sobre la muerte del señor Don Agustín Montiano y Luyando, entre los Arcades de Roma, Legbinto Dulichio”, de Cándido María Trigueros (1736-1798)

Alexis. 
Amigo Amnitas, seas bienvenido:
cuando hallarme consigo en tu presencia,
mi corazón se ensancha de contento.
No te he vuelto a ver más desde aquel día
que a las frescas orillas del arroyo
te oí cantar las tristes aventuras
de la infelice Ciane, y su padre.

Amintas.
Querido Alexis, seas bien hallado;
aquí buscar podemos, si quisieses,
algún lugar oculto y escondido
donde a la fresca sombra nos sentemos,
y podamos hablar a nuestro gusto.
Yo también con placer oí mil veces,
tus dulces voces: cada vez que miro
estas selvas, me acuerdo cuán gustoso
te oía yo cantar en otros tiempos
la justísima muerte de Athalía,
hija soberbia de soberbia madre. (…)

  1. Fragmento de “Leandro y Hero, mito anacreóntico”, de Ignacio de Luzán (1702-1754)

Musa, tú que conoces
los yerros, los delirios
los bienes y los males
de los amantes finos.
Dime, ¿quién fue Leandro?
¿Qué Dios o qué maligno
astro en las fieras ondas
cortó a su vida el hilo?
Leandro, a quien mil veces
los duros ejercicios
del estadio ciñeron
de rosas y de mirtos
ya en la robusta lucha,
ya con el fuerte disco,
ya corriendo o nadando,
diestro, gallardo, invicto,
amaba a Hero divina
bellísimo prodigio
Sesto admiró y Abido
sobre cuantas bellezas.
Negro el cabello, ufano
con naturales rizos,
realzaba del cuello
los cándidos armiños.
En proporción y gala
de rostro, talle y brío,
quiso ostentar el cielo
esmeros peregrinos. (…)

  1. Fragmento de “La ausencia”, de Juan Meléndez Valdés (1754-1817)

Del cárdeno cielo
las sombras ahuyenta
rosada la aurora
riendo a la tierra;
y Filis, llagada
del mal de la ausencia,
de Otea los valles
en lágrimas riega.
Tierna clavellina,
cuando apenas cuenta
diez y siete abriles
inocente y bella,
en soledad triste
su zagal la deja,
que del claro Tormes
se pasó al Eresma.
Un mayoral rico
allá diz que intenta
guardarlo, y que Filis
por siempre lo pierda.
Quien a ajeno gusto
sujetó su estrella
engáñase necio
si libre se piensa.
La vejez helada
con rigor condena
las lozanas flores
de la primavera.
La infelice Filis
se imagina eternas
las horas que tardan
de su bien las nuevas.
“¡Ay!”, dice, y al cielo
los ojos eleva,
sus ojos cubiertos
de horror y tristeza,
“¡Ay, cuánto me aguarda
de duelos y quejas!
En solo pensarlo
mi pecho se hiela”. (…)

  1. Fragmento de “Idilio I. Anfriso a Belisa”, de Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811)

Del Betis recostado
sobre la verde orilla,
así el pastor Anfriso
se lamentaba un día,
culpando los desprecios
de la cruel Belisa:

-Permita el justo cielo,
desapiadada ninfa,
que en la aflicción que lloro
te vea yo algún día;
permitan de los dioses
las siempre justas iras
que con tu llanto y quejas
consuele yo las mías.

Cuando de aquel que adoras,
mofada y ofendida,
te quejes a los cielos,
los montes y las silvas;
cuando tu rostro ingrato
descubra la ruina
de los rabiosos celos,
de las celosas iras;
y cuando de tus ojos
las luces homicidas
cuidados oscurezcan,
pesares y vigilias,
y del contino llanto
las mire yo marchitas;
entonces, solazada,
la triste ánima mía
olvidará sus penas,
sus males y sus cuitas;
entonces el llanto ardiente
que hoy riega mis mejillas,
a vista de tu llanto
convertiráse en risa;
entonces las angustias
que el corazón me atristan,
las ansias que le aquejan,
los celos que le aguijan,
se trocarán en gusto,
consuelo y alegría. (…)

  1. Idilio que forma parte de un monólogo de La Dorotea, de Lope de Vega (1562-1635)

(…) Que quiero yo que el alma
Llorando se distile
Hasta que con la suya
Esta unidad duplique;

Que puesto que mi llanto
Hasta morir porfíe,
Tan dulces pensamientos
Serán después fenices.

En bronce sus memorias
Con eternos buriles
Amor, que no con plomo,
Blando papel imprime.

¡Oh, luz, que me dejaste!,
¿Cuándo será posible
Que vuelva a verte el alma
Y que esta vida animes?

Mis soledades siente…
Mas ¡ay!, que donde vives,
De mis deseos locos
En dulce paz te ríes. (…)

Referencias

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¿Cómo citar?

"Idilio". Autor: Carla Giani. De: Argentina. Para: Concepto.de. Disponible en: https://www.ejemplos.co/idilio/. Última edición: 1 de junio de 2022. Consultado: 27 de septiembre de 2022

Sobre el autor

Autor: Carla Giani

Licenciatura en Ciencias de la Educación (Universidad de Buenos Aires). Profesorado en Letras (Universidad de Buenos Aires).

Última edición: 1 junio, 2022

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