Cuento de Blancanieves

La Historia de Blancanieves y los Siete Enanitos

Cuenta la leyenda que al final de un invierno en que la nieve lo había cubierto casi todo, una reina bondadosa pero solitaria descubrió en su jardín una rosa roja. Preguntándose cómo la flor podía haber aguantado semejante frío, la quiso agarrar con las manos y una espina le perforó la piel e hizo que se derramaran tres gotas de sangre sobre la nieve.

Conmovida por la belleza de los colores, la reina deseó con todas sus fuerzas tener una hija que fuera tan roja como la sangre, tan blanca como la nieve y tan negra como el marco de las ventanas que daban al jardín. Algún hada bondadosa escuchó su ruego y decidió cumplir ese deseo, por lo que la reina se descubrió embarazada cuando llegó la primavera. Fue así que nació Blancanieves: una niña de cabellos negros como el ébano, piel blanca como la nieve y labios rojos como la sangre derramada por su madre.

Pero el parto fue complicado y la reina bondadosa murió al dar a luz, de modo que Blancanieves fue huérfana desde el principio. Su padre, el rey, tomó una nueva esposa, que resultó ser una mujer hermosa pero distante, altiva y en extremo vanidosa. Tanto así, que todos los días, después de acicalarse, se acercaba a un espejo mágico que poseía y le preguntaba: “Espejo, espejo mágico, dime una cosa: ¿Quién en este reino es la mujer más hermosa?”, a lo que el espejo, cumpliendo sus órdenes, le respondía: “Usted, majestad, y ninguna otra, es de este reino la mujer más hermosa”.

A pesar de que Blancanieves creció sin una madre que la quisiera, recibía los cuidados de la gente del palacio, que veía en ella la naturaleza humilde y bondadosa de su madre. Y pronto se hizo evidente que no solo era una joven de buen carácter sino que también era hermosa y radiante como el día. Y así llegó el día, cuando la princesa estaba por dejar de ser niña, en que al preguntarle a su espejo mágico, la madrastra de Blancanieves recibió una respuesta inesperada.

“Espejo, espejo mágico, dime una cosa: ¿Quién en este reino es la mujer más hermosa?”, preguntó, como todos los días lo hacía. “Hermosa es la reina, no cabe duda”, respondió el espejo, “pero la joven Blancanieves lo será más todavía”. A la malvada madrastra el corazón le dio un vuelco y la rabia y la envidia se le agolparon en la garganta. ¿Cómo era posible que esa mocosa, hija además de la reina anterior, pudiera superar su belleza?

Presa de la furia, la madrastra hizo llamar a un cazador de confianza y le encomendó una tarea sombría: debía llevarse a Blancanieves al bosque, lejos de cualquier poblado, y allí donde nadie lo viera, darle muerte con su hacha. Y como temía que el cazador no cumpliera su voluntad, le exigió como evidencia el corazón, el hígado y los pulmones de la princesa.

Esa tarde el cazador se inventó una excusa y condujo a Blancanieves más lejos y más lejos del palacio cada vez, pero cuando estuvieron en lo profundo del bosque no pudo quitarle la vida a una jovencita tan dulce y hermosa, que tenía edad suficiente para ser su propia hija. Así que, en lugar de eso, le advirtió a Blancanieves que huyera porque en el palacio corría gran peligro. Así lo hizo la joven, sin entender muy bien lo que ocurría, hasta acabar perdiéndose entre los árboles.

Entonces el cazador buscó un cervatillo del tamaño apropiado, le dio muerte y procedió a sacarle los órganos que había pedido la madrastra, para presentarlos como si fueran los de la pobre Blancanieves. La malvada reina, creyendo haberse deshecho de la princesa, le ordenó al cocinero real que preparara las entrañas del ciervo y las devoró en la cena de esa misma noche.

Pero Blancanieves no había muerto, sino que vagó por el bosque hasta dar, cuando ya era de noche, con una casita en un claro del bosque. Entró, buscando refugio, y notó que todo en su interior era diminuto: siete pequeñas sillas, siete pequeñas camas, incluso una pequeña chimenea. Entonces la sorprendieron sus siete pequeños habitantes: un grupo de enanos que trabajaba en el bosque. Como la princesa no tenía adónde ir, los enanos se compadecieron de ella y le propusieron un arreglo: podía quedarse a vivir con ellos, pero a cambio debía cocinar, limpiar y ordenar la casa. Y como la buena Blancanieves era humilde, aceptó de buena gana la oferta.

El tiempo transcurrió, y un día la malvada reina volvió a consultar con su espejo mágico, pues había dejado de hacerlo de lo confiada que estaba en su victoria. Le hizo al espejo la misma pregunta de siempre, y el espejo contestó: “En una casita del bosque vive la princesa Blancanieves, que sigue siendo del reino la más hermosa de las mujeres”.  Horrorizada, la reina entendió que el cazador le había mentido y que Blancanieves seguía con vida, así que tendría que echar mano a las artes mágicas para deshacerse de su rival.

Tres intentos hizo la reina de acabar con la pobre Blancanieves, que estaba durante el día completamente sola en la casita de los enanos. En el primer intento, se disfrazó de vendedora ambulante y le ofreció a Blancanieves una hermosa cinta para el cuello. Pero cuando la joven ingenua se la quiso probar, la apretó con sus propias manos hasta cortarle el aliento: Blancanieves se desmayó y la reina escapó dándola muerta. Por suerte, los enanos llegaron a casa al poco rato y liberándola de la cinta, lograron despertar a la princesa.

“Será mejor que no le abras a nadie la puerta cuando no estemos”, le dijeron. Pero Blancanieves no era desconfiada y cuando al día siguiente tocó a la puerta una peluquera ambulante, no supo que se trataba de un nuevo truco de la reina. Vistiendo su nuevo disfraz, la madrastra le ofreció a Blancanieves una peineta para el cabello, cuyas puntas había sumergido en un potente veneno. La joven se puso la peineta y al instante cayó desmayada, pues una de las puntas le había rozado la cabeza. Dándole nuevamente por muerta, la reina escapó, y cuando más tarde llegaron los enanos a casa, bastó con que le sacaron la peineta del cabello a Blancanieves para que la joven se recuperase.

El tercer intento de la reina fue disfrazada de anciana y le ofreció a Blancanieves una manzana envenenada. Cuando tocó a la puerta de la casita, la princesa abrió y miró con desconfianza lo que se le ofrecía, pero su corazón pudo más cuando la anciana le explicó que estaba sola y era pobre, y vender aquellas manzanas era su única forma de conseguir el sustento. Además, le dijo, bastaba con una probada para que notara lo tiernas y jugosas que eran.

Fue así que la pobre Blancanieves mordió la manzana envenenada y se sumergió de inmediato en un sueño infinito, del que no pudieron sacarla los enanos al volver a casa. Dándola por perdida, lloraron a Blancanieves y construyeron para ella un ataúd de cristal, en el que se pudiera ver su inigualable belleza. La reina, por su parte, consultó al espejo esa misma noche sobre el destino de Blancanieves y se sintió feliz de saber que Blancanieves “dormía un sueño eterno”, cosa que interpretó como una alusión a la muerte.

Quiso la suerte que en esos días pasara por el bosque el príncipe heredero de un reino vecino y que le llamara la atención ver a siete enanos llorando en torno a un ataúd de cristal. Cuando se aproximó en su caballo, observó que adentro reposaba la joven más hermosa que había visto en la vida y se sintió inmensamente afligido de no haberla podido conocer en vida. Les rogó, entonces, a los enanos para que le permitan llevarse el cuerpo de Blancanieves a su castillo, donde la honraría y contemplaría durante toda la vida, y los enanos, conmovidos por aquel amor tan puro, aceptaron.

Pero cuando los sirvientes del príncipe se preparaban para mover el ataúd, uno de ellos tropezó y acabaron arrojando a Blancanieves contra el suelo, el sacudón la hizo toser el pedazo de manzana que tenía atorado en la garganta. Con un larguísimo suspiro, Blancanieves volvió a la vida y se encontró en brazos del príncipe, de quien a su vez quedó totalmente enamorada.

La boda real del reino vecino se anunció con bombos y platillos, pues el príncipe al fin había conseguido una mujer que lo cautivase. La fiesta que organizó fue tan grande que invitaron a todos los reyes vecinos, entre ellos al propio padre de Blancanieves. Al enterarse de la invitación, la malvada reina fue directo a su espejo mágico y le preguntó: “Espejo mágico de mi afición, ¿Quién es la mujer más bella, ya no del reino, sino de la región?”, a lo que el espejo respondió: “Hermosa es la reina, no se puede dudar, me refiero a la reina del vecino lugar”.

Espantada por la aparición de una nueva rival, la reina se preparó para asistir a la boda. Ya vería cómo deshacerse de esa joven reina también. ¡Cuál sería su sorpresa, tan pronto llegó al palacio vecino, al ver que era Blancanieves la joven reina de la que hablaba el espejo!

La noche entera pasó la madrastra tratando de pasar desapercibida, pero el destino no le permitió escapatoria. Muy pronto Blancanieves la reconoció y la acusó públicamente de haber tratado de matarla no una, ni dos, sino cuatro veces seguidas, sin importarle que fuera la hija de su propio esposo. Fue así que la madrastra no tuvo escapatoria: las fuerzas del joven rey la detuvieron en el acto. Su sentencia consistió en meter los pies en dos zapatos de hierro, calientes hasta ponerse al rojo vivo, y sin otra ropa que aquel grotesco calzado, bailar y bailar hasta que le llegara la muerte.

Referencias:

Lo que debes saber sobre Blancanieves

El relato que acabas de leer es la versión más tradicional del cuento de hadas de Blancanieves, la misma que inmortalizaron los famosos Hermanos Grimm en su colección de cuentos tradicionales publicada en el siglo XIX. En ella se inspiró en 1937 el estadounidense Walt Disney (1901-1966) para crear su primer largometraje animado, que llevó al cine con gran éxito comercial.

Sin embargo, la historia de Blancanieves (en alemán original Schneewittchen) es muy anterior. Algunos estudiosos afirman que se inspira en dos históricas mujeres nobles europeas: la condesa Margaretha von Waldeck (nacida en 1533) y la baronesa María Sophia Margaretha Catharina von Erthal (nacida en 1725). Se sabe, además, que muchas de las referencias propias del cuento se corresponden con la región de Lohr am Main, en la Baviera alemana.

Antes de que Walt Disney popularizara el relato de Blancanieves en el mundo entero, ya se había versionado en el cine en 1916 (Snow White de J. Searle Dawley) y 1933 (Snow White, cortometraje con el personaje Betty Boop, de Dave Fleischer), y se ha seguido versionando en numerosas producciones posteriores.

¿Qué es un cuento?

Un cuento es un relato corto, con pocos personajes y con una única trama que puede estar basada en hechos reales o ficticios. Son textos narrativos con un argumento relativamente sencillo, en el que los personajes participan de una única acción central. Los espacios también son acotados: los hechos suelen producirse en no más de uno o dos lugares.

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Enciclopedia de Ejemplos (2019). "Cuento de Blancanieves". Recuperado de: https://www.ejemplos.co/cuento-de-blancanieves/